Pep Guerrero

Nada hay de trascendente o crítico en la pintura de Pep Guerrero (Puerto de Soller, Mallorca, 1966), nada de pretenciosa impostura. Sólo la autenticidad del placer no disimulado del artista y ese éxtasis de formas y colores surgidos de su lucidez apropiacionista sobre ese gran puzzle que es para él la historia del arte. Como si de un depósito de recursos visuales se tratara, Guerrero enfrenta en una misma composición exquisitos paisajes clasicistas, bodegones y motivos amables (árboles, flores) que tienen el aura del gran arte, con imágenes tan populares y triviales como sus características rayas de cebra, cuadritos vichy, tréboles o corazones. El hecho de que utilice su peculiar estilo no sólo para pintar cuadros sino para reciclar toda clase de objetos, hace que una fórmula sencilla pueda adquirir mil y una soluciones, no imponiéndose más límites que los de su propia imaginación. Las combinaciones de objetos y sus escenografías proporcionan la nota final a una obra que se quiere vitalista y seductora, que conecta y complace. 

Pilar Ribal
 

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