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Jeannine Cook

Puente de plata, ecos de Australia y Japón.

Exposicion de dibujos con punta de plata
 

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Descendiente de pioneros de Australia Occidental y de madre nacida en Japón, Jeannine Cook ha emprendido en los últimos años un profundo proceso de reconexión con sus raíces. De esta indagación emerge una obra singular y profundamente íntima, en la que confluyen ambas geografías a través de su refinada práctica del dibujo en plata.

Reconocida experta en la técnica de la punta de metal, Cook reside actualmente en Mallorca, tras una prolongada estancia en Estados Unidos. Su universo creativo se centra en la naturaleza en su diversidad formal, una sensibilidad que hunde sus raíces en su infancia en las propiedades familiares del norte de Tanzania. Fue allí donde desarrolló una mirada atenta a las complejidades de las cortezas arbóreas y a los sutiles relieves de las piedras; elementos que, en su obra, devienen auténticas “huellas dactilares” de identidad.

De manera casi intuitiva, su trabajo se configura como una vía para evocar los paisajes de Australia y Japón que marcaron a sus antepasados, captando las sutilezas de la materia y las transformaciones inscritas por el tiempo.

Muchas de las piezas aquí reunidas reflexionan sobre las capas que los años depositan sobre la naturaleza observada. En este sentido, Cook recurre al concepto de palimpsesto como metáfora del transcurrir temporal. Este mismo recurso remite también a la tradición textil japonesa, en particular a la elegancia de los kimonos, evocando incluso aquel que fue ofrecido a su abuela tras haberlo perdido todo en el terremoto e incendio de Yokohama de 1923.

En otros trabajos, el papel japonés washi actúa como delicado vínculo con el mundo nipón. Por su parte, Australia Occidental se manifiesta principalmente a través de la representación de su naturaleza, especialmente en los majestuosos eucaliptos, erigidos como silenciosos centinelas de los territorios que su familia ha habitado a lo largo de cinco generaciones.

Descended from pioneers of Western Australia and born to a Japanese mother, Jeannine Cook has, in recent years, undertaken a profound reconnection with her roots. From this exploration emerges a body of work that is both singular and deeply personal, in which these two geographies converge through her refined practice of silverpoint drawing.

A recognized expert in metalpoint technique, Cook is currently based in Mallorca, following an extended period in the United States. Her artistic focus lies in the manifold forms of nature, a sensibility rooted in her childhood on her family’s estates in northern Tanzania. It was there that she developed a keen eye for the intricate textures of tree bark and the subtle details within stones—features that, in her work, become true “fingerprints” of identity.

Almost intuitively, her practice has evolved into a means of evoking aspects of Australia and Japan as experienced and cherished by her ancestors, capturing both the subtleties of material presence and the gradual transformations wrought by time.

Many of the works presented here reflect upon the layers left by the passage of years upon the observed natural world. In this sense, Cook employs the notion of the palimpsest as a metaphor for the accumulation of time. This concept also alludes to the Japanese textile tradition, particularly to the elegance of kimonos, recalling even one that was gifted to her grandmother after she had lost everything in the 1923 earthquake and fire in Yokohama.

In other drawings, Japanese washi paper serves as a delicate link to the cultural sphere of Japan. Western Australia, meanwhile, is evoked primarily through its natural landscape—most notably in the majestic eucalyptus trees, which stand as silent sentinels of the lands her family has traversed for five generations.

Punta de Plata

Durante mi niñez en África del Este, pasaba incontables horas en un cuarto oscuro junto a mi abuelo, un fotógrafo de reconocido prestigio. Observaba con asombro cómo las imágenes en blanco y negro emergían, casi por arte de magia, en las bandejas de revelado. La belleza de aquellas formas monocromas influyó decisivamente en que me involucrara de manera apasionada en la técnica de la punta de plata como medio de dibujo.

Dibujar con plata de ley es un ejercicio de gran exigencia. El trazo se construye lentamente, del mismo modo en que aquellas fotografías iban revelándose de forma paulatina. La intensidad de este proceso me permite concentrarme en lo esencial, reafirmando mis vínculos con las percepciones del mundo que me rodea: los ritmos de las mareas, la sucesión de las estaciones, el movimiento de la luz, sus mutaciones y su capacidad de transformar todo cuanto alcanza.

Para mí, la punta de plata es un medio sutil y discreto, que actúa como contrapeso frente al vértigo de nuestro mundo contemporáneo. Este contraste no resulta sorprendente si se considera que esta técnica, conocida de manera general como punta de metal, surgió en la atmósfera de contemplación y quietud de los monasterios europeos del siglo VIII.

Los monjes emplearon preferentemente estiletes de plomo para sus manuscritos, delineando formas que luego serían iluminadas y trazando las líneas que estructuraban aquellas páginas de refinada belleza. Rápidamente, los artistas de la época adoptaron también este procedimiento con plomo blando. Sin embargo, antes del año 1200, la plata se impuso como el metal predilecto, tanto en dibujos preparatorios como en obras de presentación. Algunas de estas piezas han perdurado hasta nuestros días, conservando intacto su impacto y su capacidad de fascinación.

El apogeo de la punta de plata tuvo lugar durante el Renacimiento, cuando maestros como Leonardo da Vinci, Miguel Ángel, Rafael, Durero y Holbein, entre otros, realizaron dibujos extraordinarios con este medio. Posteriormente, el descubrimiento de las minas de grafito propició un cambio de preferencia: antes de 1550, los artistas comenzaron a inclinarse por materiales más flexibles y dóciles, como el grafito y la tiza, abandonando en gran medida la punta de plata, cuya exigencia técnica y carácter irreversible dificultaban su uso.

Su práctica cayó en desuso hasta el siglo XIX, cuando fue redescubierta tras el hallazgo, en la Biblioteca del Vaticano, de una copia del manuscrito del siglo XIV Il Libro dell’Arte de Cennino Cennini. Una vez traducido y publicado, este tratado reveló nuevamente la técnica de la punta de plata, despertando el interés de diversos artistas. Los prerrafaelitas, así como Alphonse Legros, Thomas Dewing, Joseph Stella, Marsden Hartley, Picasso y Man Ray, entre otros, exploraron sus posibilidades expresivas.

En la actualidad, un número reducido de artistas —principalmente en los Estados Unidos— continúa trabajando con esta técnica, aunque el interés por ella ha ido en aumento. Prueba de ello es la relevante exposición dedicada a la punta de plata que el British Museum y la National Gallery of Art de Washington presentaron en el otoño de 2015.

Joseph Stella describió este medio como “inexorable e inflexible”, ya que, pese a la sensualidad del contacto de la plata sobre la superficie, las líneas trazadas no pueden modificarse ni borrarse. Lo que queda sobre el papel preparado son partículas metálicas relucientes, permanentes. Sin embargo, la suavidad de la plata permite conjugar delicadeza, sensibilidad, precisión y frescura en el dibujo. Con el paso del tiempo, el metal se oxida, adquiriendo un tono marrón cálido y sutil que aporta profundidad a la obra.

Aunque también se emplean otros metales como el cobre, el oro o el platino, la plata sigue siendo el más utilizado. El Dr. Bruce Weber, antiguo comisario principal de arte del siglo XIX en el Museo de la Academia Nacional de Nueva York, señaló: “La punta de plata permite al artista demostrar su conocimiento de la forma y su destreza manual. Posee la singular capacidad de ser, a un tiempo, exigente y profundamente sensual, sutil y delicada”.

En lo que a mí respecta, la punta de plata me brinda la posibilidad de entablar un diálogo luminoso con el mundo que me rodea.

— Jeannine Cook

Calle Temple, 11 b- 07001 - Palma de Mallorca - Spain

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