Carlos Cerdá

ETERNA JUVENTUD

 

 

En un viaje que realicé por Italia, estuve visitando “Cinque Terre”. Son cinco pueblos costeros muy pintorescos, unidos por la vía del tren, que permite saltar de uno a otro con gran facilidad mientras la mirada se pierde en el horizonte marino. En uno de ellos, ya no recuerdo cuál era, subimos calle arriba hasta dejar atrás los edificios y salir de la villa. Al final de la ascensión, sobre el acantilado, hallamos el cementerio. No puedo imaginar un lugar más encantador para descansar toda la eternidad, en lo alto del promontorio, y mirando al mar.

Era un típico camposanto católico, con sus cruces y tristes fotos en blanco y negro metalizado incrustadas en la piedra; con los nombres, apellidos y fechas vitales de los fallecidos. Paseando la mirada sobre las imágenes descoloridas por el sol, la vista se me detuvo en un adonis. Una imagen grande para una lápida, de un varón: medio cuerpo, fotografiado en bañador, con unos músculos espléndidamente trabajados y una sonrisa de satisfacción. Estaba en la plenitud de la vida. Una juventud llena de energía, de poder físico y mental. Sentí pena por una muerte tan prematura, pero al revisar las fechas grabadas en la lápida, caí en la cuenta de que falleció con más de ochenta años. La sonrisa se dibujó en mi boca. Era evidente que la figura juvenil marcó su trayectoria vital, de tal modo que su familia no quiso recordarlo arrugado y achacoso, sino joven y bello.

Al fin y al cabo, ¿quién era él en realidad? ¿El joven escultórico de treinta años o el anciano encorvado de ochenta? Los humanos no percibimos cambio en nuestro yo íntimo, sólo en el físico. Cada día, al mirarnos al espejo, nos sentimos el mismo individuo que se reflejaba cuarenta años atrás ¿Por qué entonces recordarnos con nuestro aspecto final, el más decrépito?

Los rostros y figuras de Carlos Cerdá son reflejos del espejo de la juventud. Miradas llenas de energía y vitalidad, belleza lozana y lucidez mental. Pero, ¿de quién son el recuerdo esas imágenes? ¿De un adolescente, un adulto, un anciano? De todos y de ninguno.

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